Volver a hablar de edición académica. La editorial universitaria como infraestructura de confianza

Hace unos días recibí un correo de Research Information. A comienzos de año había respondido a su encuesta internacional sobre los desafíos de la comunicación científica y, como agradecimiento, enviaban a quienes participamos una copia anticipada del informe final, Scholarly Publishing: Trends for Constructive Growth, que se hace público hoy.

Lo he leído con la sensación de ver convertidas en datos preocupaciones que quienes trabajamos en edición científica llevamos tiempo compartiendo.

El estudio reúne 306 respuestas: un 46 % procede de la academia —bibliotecas, investigación y docencia— y un 54 %, de los sectores que le prestan servicio —editoriales, plataformas y proveedores—. Lo primero que llama la atención es que ambos grupos ven los mismos problemas: los dos sitúan entre sus tres prioridades la integridad de la investigación, las expectativas sobre el impacto y la inteligencia artificial (IA).

La IA es el indicador más claro de la aceleración que vivimos. Nueve de cada diez participantes, o más, en ambos grupos afirman que en los últimos tres años ha aumentado su necesidad de entenderla, muy por encima del segundo ámbito, la integridad de la investigación (67 % en la academia y 80 % en la industria). Casi dos tercios creen que las instituciones están poco o nada preparadas para afrontarla y, al mismo tiempo, casi dos tercios reconocen que lo están más que en 2023. Leo ambas cifras juntas: se avanza, pero no al ritmo que exige el cambio.

Sería un error reducir la conversación sobre el futuro de la edición científica a una conversación sobre herramientas. El propio informe lo dice en sus conclusiones: el acuerdo sobre las prioridades no se traduce en acuerdo sobre la confianza, que sigue siendo frágil.

Más del 80 % de ambos grupos señala los precios y la asequibilidad como el terreno en el que con más frecuencia se rompen las relaciones entre las instituciones académicas y el sector; les siguen las licencias y los derechos de reutilización. Cuando se pregunta cómo es la relación de las editoriales con el ecosistema académico, casi la mitad la describe como más transaccional que colaborativa. Solo un 7 % de la academia la considera genuinamente colaborativa; en la industria, apenas uno de cada cien. Entre los cientos de comentarios que recoge el informe, uno de un participante de la industria menciona a España: el valor del conocimiento, dice, se subordina a menudo al mercado:

«en particular en ciertas partes de Europa, como España, donde la producción científica es significativa pero recibe un apoyo insuficiente, en parte por la escasez de recursos y en parte porque la lengua dominante no es el inglés» (la traducción es mía).

Una editorial académica —y, sobre todo, una universitaria— debería poder ofrecer algo distinto.

Estoy cada vez más convencida de que ahí está una de las claves de nuestro futuro. Una editorial universitaria forma parte de la infraestructura con la que una universidad valida, organiza, preserva, hace visible y transmite el conocimiento. Eso obliga a pensar nuestros libros y revistas no como una suma de colecciones y cabeceras, sino como un ecosistema: políticas comunes de integridad y ética, procedimientos sólidos, metadatos de calidad, identificadores persistentes, interoperabilidad, preservación, ciencia abierta, normas claras sobre el uso de la IA y mecanismos para acreditar qué se ha hecho, cómo y con qué criterios.

Y algo menos tecnológico y más difícil de construir: confianza. Confianza de los autores en la colección o la revista a la que entregan su trabajo, de los revisores en el proceso, de los equipos editoriales en la institución que los sostiene y de los lectores en lo que publicamos.

El informe aporta un argumento más. Academia e industria coinciden en que el poder para impulsar cambios reside sobre todo en las instituciones académicas, y en que son ellas quienes mejor pueden reforzar la integridad de la investigación. Sus conclusiones reclaman liderazgo institucional, marcos regulatorios más claros, modelos comerciales más transparentes y una responsabilidad compartida por todo el ecosistema. La universidad no puede ser solo usuaria del sistema de comunicación científica: tiene capacidad —y responsabilidad— para construirlo.

Hace casi dos años que no escribo en este blog. En aquella última entrada, «Cinco tendencias clave que marcarán la edición científica universitaria en 2025», un grupo de colegas señalábamos el acceso abierto, la ciencia abierta con datos FAIR, las alianzas estratégicas, la inteligencia artificial y los nuevos perfiles digitales en los equipos editoriales. Las cinco siguen ahí, y avanzan más deprisa de lo que preveíamos.

Sigo siendo editora y sigo pensando la edición desde dentro: desde los originales, las pruebas, los DOI, los metadatos, los autores, los revisores y todas esas pequeñas decisiones de las que depende que una publicación científica funcione. Pero en este tiempo he empezado a formarme en ciencia de datos e IA. No para dejar de ser editora, sino para seguir siéndolo. Igual que antes tuvimos que familiarizarnos con los metadatos, el XML, los identificadores persistentes o la ciencia abierta, ahora necesitamos entender los datos y la IA. El informe apunta en la misma dirección: muchos participantes creen que las instituciones necesitarán más conocimiento experto propio sobre IA para afrontar lo que viene.

Me interesa saber qué pueden aportar estas herramientas a lo que llevo años haciendo y, sobre todo, cuáles son sus límites: qué podemos automatizar y qué debemos seguir decidiendo las personas, cómo trabajar mejor con nuestros datos editoriales y cómo usar la IA sin deteriorar lo que deberíamos proteger: la integridad, la responsabilidad y la confianza. Las herramientas cambian; nuestra responsabilidad sobre lo que publicamos, no.

Así que vuelvo, para hablar de libros y revistas científicas, de edición universitaria, de metadatos, integridad, evaluación, IA y datos. En diciembre de 2024 nos preguntábamos qué nos depararía 2025. Hoy creo que la pregunta ha cambiado. Ya no es cómo será la edición académica del futuro, sino esta otra:

Referencia

Research Information. (2026). Scholarly publishing: Trends for constructive growth. [URL del informe]

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